En la transparente estela de su admirada coterránea Edith Vera, Beatriz Vottero inscribe Oficio mudo, su primer libro de poesía.
Sin el peso de una tradición o de un mandato, estos poemas recogen, sin embargo, una herencia en su modo de decir, pausado y reflexivo, de pampa, pero también en su modo de mirar: una atención extrema y despojada, puesta en los pequeños eventos cotidia-nos y de la naturaleza, que le permite a la autora preciosos hallazgos, trascendentes pensamientos, siempre un poco más allá de la mera observación; una erudición de la belleza para componer piezas vivas, cargadas, acogedoras.




