La pausa impuesta por las fiestas de un fin año propicia en el poeta la relectura de Alla lejos y hace tiempo. Esta nueva visita al mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson parte de la transcrip-ción, de la laboriosa tarea de extraer la cita e interrumpir el contexto, pero se transfigura luego en invención, la del propio Arnaldo Calveyra.
El de Hudson es de esos libros que, aun en prosa, tienden a la “levedad del canto, donde cada sustantivo convocado por el autor corresponde a un objeto y sólo a ese objeto en tierras de la poesía”. Calveyra enhebra su prosa (esa prosa que mantiene desde siempre un equilibrio vacilante con la poesía) con la del releído. De una prosa a la otra hay cambios de voces, pero el tejido es fuerte y tenue como el horizonte del campo: todo Alla en to verde Hudson (el autor como matiz de color) está hecho de estas continuidades secretas, nunca evidentes, y a la vez de imperceptibles hiatos.
Alla en lo verde Hudson podría leerse como una antología comentada, aunque es en realidad un diálogo imposible y sin embargo realizado. Como siempre con Calveyra, nos mantenemos en vilo. Es un libro siempre en formación: “delta del libro en formación, este libro”.
Pablo Gianera




