El lenguaje permite lo imposible. El yo asiste a su funeral y sostiene la voz. En la ceremonia, los verbos sacan las mortajas al sol y cantan. El futuro es puro lenguaje: está hecho de acciones que se lanzan hacia adelante como serpentinas de deseo, furia o dolor. La vida después es un estribillo que repiquetea en los días por venir. En el entierro de la obra, el poema labra el testamento, y también rie y baila sobre su tumba. Es imposible no hacerse la película. La sábana del lecho es la pantalla en la que pasará la vida: ojos, roces, harapos, huellas, hijos. Un campanario y los zapatos. ¿Qué harán con la desnudez y la soledad? ¿Adónde irán las esquinas y las lápidas?
Con voz acicalada de humor y finitud, Maria Malusardi nos acerca a los efectos secundarios de la muerte y ofrece -para quienes no sabemos morir ni rezar- un conjunto de poemas sobre esa loca fantasía del final.
Gabriela Franco




