La familia es el Obelisco de
su poética y a la vez erige un
puente construido sobre el
trabajo anterior y se proyecta
a un futuro sin horizonte a la
escritor visionario, que se
concentra en sus ideas y su
Gustavo Ferreyra o quizá su bomba atómica: destila sus libros anteriores, hace estallar vista. Ferreyra es un caso de voz, lo hace con sus propias reglas y se trae entre manos textos poderosos. Y afables, esto es importante. Hay en La familia y en Ferreyra una ausencia de cinismo (no de sarcasmo, que abunda: de esa amargura elitista que es el cinismo). Al contrario, están dotados del carisma de alguien que se divierte con su talento y su extravagancia.
Mariana Enriquez






