En un escenario que se mueve entre ciudades grandes y chicas, se teje una experiencia poética cuya materia verbal enhebra con soltura la información de la época con un ánimo singular y una mirada que reúne todos los sentidos. En este libro de Lucía Schvartzman se cumple lo que hace un siglo anticipó César Vallejo: «Los materiales artísticos que ofrece la vida moderna, han de ser asimilados por el espíritu y convertidos en sensibilidad». No se trata entonces de simular una modernidad sino de ejercerla. «Así -dijo Vallejo la inquietud (…) crece y se exaspera y el soplo de la vida se aviva». Tal el camino que abren estos poemas, donde el fuego de la palabra se actualiza una vez más.
Horacio Fiebelkorn




