Los relatos de Me dijeron que se llama Tadeo están llenos de matices. Un humor, humor negro pero humor al fin, atraviesa las historias, que transcurren en diversos escenarios: desde una casaquinta rodeada de misterio en una zona rural de Tucumán hasta locaciones más urbanas y suburbanas. También hay violencia, desamparo, soledades y compañías. La paleta de personajes abarca desde niños hasta jubilados, pasando por adolescentes, repartidoras de mercadería, magos callejeros e incluso algunos fantasmas.
Para los lectores de Grimanesa Lazaro este libro será una vuelta de tuerca a su narrativa anterior. Su mundo se expande, a la vez que se hace más inquietante. Para quienes nunca la leyeron, tal vez no haya mejor puerta de entrada a su literatura tan peculiar que Me dijeron que se llama Tadeo.




