Del mismo modo que John Le Carré pudo levantar su comedia humana en los entrepisos sigilosos y fuera de la vista del espionaje, o que Haroldo Conti creó su territorio y su marca en el borde solitario de un río, Ricardo González Aguirre se apropia de ese curioso recorte de ciudad, tan cercano y a la vez resguardado -el mundo dentro del mundo que es un club-y tal como omo pedía Italo Calvino lo pasa por los filtros de lo escrito y lo conquista para la literatura. Los personajes de Vida de club pueden ser tenistas, o jugadores de fútbol o de golf: algo decisivo de sus vidas se juega en ese limbo detrás de los ligustros, en los rectángulos fuera del tiempo que son las canchas. Originales, directos, ingeniosos, los cuentos de Vida de club vuelven a demostrar, si fuera necesario, que lo extraño es lo cotidiano.
Guillermo Martínez
Los cuentos de Vida de club, de Ricardo González, espían a través de las fisuras de un ámbito que parece seguro y descontracturado. Sin embargo, a poco de andar, aparecen agazapadas las paranoias, venganzas, culpas, traiciones, fantasías y obsesiones de los personajes de estas historias.
Ricardo González, en su primer libro de cuentos, con una prosa llana y precisa, nos cuenta la desesperación, la soledad, el miedo y la ambición de gente de lo más común: deportistas, empleados, parejas a la deriva; socios de distintos tipos de clubes deportivos, de barrio, nocturnos.
Claudia Piñeiro







