Los ensayos de La figura en el tapiz tienen orígenes diferentes: revistas, libros y diálogos compartidos que de alguna manera han impregnado su existen-cia. Para muchos de nosotros, estos textos constituyen material de traba-jo cotidiano. Han sido y son el centro de nuestras discusiones. Hemos sido interpelados en su defensa. Hemos atacado en el combate que resurge en las mejores clases. Nos hemos olvidado repitiéndolos, los hemos reescrito. Esta es la “búsqueda esencial” de un texto. De estos. Otra vez repitiendo el esquema: vida-escritura-política.
Dificil es entender el sentido de “La figura en el tapiz”. Esa dificultad que se expresa en el cuento de Henry James es la que generan palabras como tradición o crítica. Son formas donde siempre se pone en juego una expecta-tiva de poder y de apropiación. Donde se busca un sentido determinante que se constituya en garantía de comodidad. La vieja mirada burguesa de la lec-tura. Aquí, en este tapiz, el programa es exhibir esa figura para, apartándola, salirse de sí. Allí está su logro y su lugar en el afuera. La tradición está aquídesnaturalizada, y en ese marco la idea de que los textos de Emilio Bernini participan de lo que llamamos el “ensayo académico” busca exhibir su po-tencia de oxímoron. El escándalo lógico.
Exhibir lo que ha quedado opacado pero no a modo de secreto o in-terioridad, sino para señalar y potenciar aquello que ha sido excluido de la mirada por conveniencia y/o comodidad crítica. Ese compromiso es la es-tructura de este libro. Su dimensión política y poética.
Del prólogo de Edgardo Pigoli y Román Setton




