¿Por qué razón nos comprometemos con algo: una idea, un movimiento politico, una religión o una persona? ¿Cómo funciona nuestro sistema de creencias? ¿A qué convicciones nos aferramos de manera inamovible, aún a riesgo de caminar por ese borde extraño y filoso que separa la extrema lucidez de la tontería?
Para muchísima gente, los anarquistas eran unos tontos. Terminé la secundaria en 1924, e incluso durante mi infancia, cuando los anarquistas más radicales creían en “pasar a la acción” y tiraban bombas y tiroteaban a lideres mundiales, la gente pensaba que lo hacían por una especie de sensibleria sanguinaria, una ingenuidad risible. Todas esas risas, ahora que lo pienso, ignoraban aquellas cosas por las que uno comete tonterias en esta vida: por amor, por Cristo, por admiración. Tenía amigos que, al final, las cometieron por todas esas razones. Yo elegi las propias.
Entre Nueva York, París y la India, estos seis cuentos interconectados, escritos con aparente simpleza y muchísimo humor, retratan de manera tierna e implacable la búsqueda de la propia verdad, las posibilidades, causas y consecuencias de habitar en los márgenes y la duda constante que implica vivir de acuerdo a las certezas más íntimas.




