Si bien la poética que abarca la visualidad desde su costado más experi-mental y lúdico no cuente en Uruguay con demasiados cultores, su cofra-día ha sabido mostrar una serie de producciones con resultados por lo menos sorprendentes. Desde las carminas figuratas de Francisco Acuña de Figueroa a los grafismos de Torres García, desde las aventuras futuristas de Alfredo Mario Ferreiro hasta los ideogramas de Amanda Berenguer, desde los trabajos asemánticos de Julio Campal hasta los desbordes síg-nicos de Clemente Padín y Juan Ángel Italiano, se sabe que esta vertiente produce una experiencia de lectura diferente a la de la poesía tradicional. O sea, se desfavorece el énfasis tradicional en el orden sintagmático del lenguaje en pos de la imagen. Conocedor inigualable de su oficio de dise -ñador gráfico, Gustavo Wojciechowski, el Maca, conjuga esas tradiciones de la ruptura y hace de cada muestra de su oficio un ejercicio de varios cru-ces hipertextuales. Y eso sólo se logra a través de la manipulación de los elementos fonéticos, semánticos y ópticos del lenguaje en pos de una mayor flexibilidad en su arquitectura textual así como en las mayores de-mandas interpretativas que, a modo de desafío y sin concesiones, el autor propone a sus potenciales lectores. Tal lineamiento se caracterizaría, en este caso, por dos aspectos sobresalientes: primero, por la elaboración de una poesía como operación sobre el lenguaje mismo y no sobre los refe-rentes extratextuales o reales; en otras palabras, metapoesía; y segundo, por el eclecticismo semiótico, es decir, la aceptación de la cultura contem-poránea como un escenario en el que se entrecruzan múltiples sistemas comunicativos y artísticos desjerarquizadamente.
Martín Palacio Gamboa





