Poema y río van muy confundidos en El Gualeguay. Se disocian y confluyen -a un tiempo- lo que cuenta el poema y lo que ve y escucha el río. Todo lo que hace al asunto y la materia del poema está dicho a través de los ojos y los oídos del río, desde las sensaciones e impresiones más sutiles -un insignificante cambio en la coloración del cielo-hasta los hechos más brutales -la decapitación del protohéroe nacional entrerriano-. Desde el choque de los sables hasta la hierba menuda. Ese es quizás uno de los logros formales del poeta, que hace del poema una obra inconfundible y ejemplar en la historia de las letras hispánicas. El río pasa, es el mismo, y, en el momento de decirlo, ya ha cambiado. Y el río, que es cambio continuo, es el lugar desde donde el lector ve pasar la historia. ADOLFO BARBERÁ





